La integración de la visión clínica en el ámbito organizacional: ¿por qué es cada vez más urgente?
Así como no puede haber salud sin salud mental, hoy más que nunca se vuelve crucial incorporar una mirada clínica en los espacios laborales y en el mundo organizacional.
Los retos que enfrenta el entorno laboral no están aislados de la realidad social que vivimos. La diversidad, los cambios socioculturales y los desafíos económicos nos exigen reconocer que el trabajo no es ajeno a la vida emocional de las personas. Diseñar espacios laborales con base en perfiles analíticos puede parecer una estrategia suficiente, pero no siempre contempla la complejidad humana de quienes los ocupan.
Revisemos algunas cifras:
En 2024, México se posicionó como el país con mayor nivel de estrés laboral en el mundo:
El 75% de las personas trabajadoras reportaron estar afectadas, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Este porcentaje se traduce en millones de personas. Veámoslo aquí:
- La Población Económicamente Activa (PEA) fue de 61.1 millones en el cuarto trimestre de 2024.
- La población ocupada, según el INEGI, fue de 59.3 millones de personas.
- El IMSS reportó 22.6 millones de empleos formales.
- Se contabilizaron 7,056,499 establecimientos en el país donde laboran más de 36.7 millones de personas.
👉 Si extrapolamos ese 75% al total de personas ocupadas en establecimientos, estamos hablando de más de 27 millones de trabajadoras y trabajadores afectados por estrés laboral, burnout y condiciones adversas derivadas del ritmo voraz del trabajo.
Esto deja de ser un problema exclusivo del ámbito organizacional para convertirse en una problemática social prioritaria, que requiere atención urgente desde múltiples frentes.
¿Por qué integrar una visión clínica?
Proponer una visión clínica en las organizaciones no es llevar el consultorio a la oficina, sino reconocer que el bienestar psicológico influye directamente en la vida laboral y viceversa.
No se trata de que las empresas se conviertan en instituciones de salud mental, sino de comprometerse con entornos laborales que no perpetúen la enfermedad.
Integrar esta perspectiva implica reconocer tres posibles niveles de intervención:
- Prevención: actuar antes de que el malestar se manifieste.
- Atención: intervenir de forma activa una vez que el problema está presente.
- Mantenimiento: acompañar procesos donde ya no hay marcha atrás, pero es posible mejorar la calidad de vida y funcionamiento de la persona en su entorno laboral.
No se trata de convertir a las empresas en consultorios, sino de que cada organización, desde sus capacidades y recursos, pueda decidir en qué nivel quiere participar.
Lo importante es no permanecer indiferente.
¿Y tu organización, en qué nivel se encuentra?
Quizá esta pregunta nos sirva como punto de partida para reflexionar colectivamente.
Principales consecuencias del estrés laboral:
- Reducción de la productividad
- Disminución de la calidad de vida
- Problemas de salud física y mental
- Trastornos de ansiedad y depresión
- Conflictos familiares
- Riesgo de adicciones
- Envejecimiento prematuro
- Disminución del sistema inmunológico
- Problemas gastrointestinales
- Desarrollo de enfermedades crónicas
Principales causas:
- Normalización del estrés como parte del trabajo
- Falta de reconocimiento y gestión del malestar
- Jornadas sin pausas ni descansos adecuados
- Desatención a señales tempranas
- Desequilibrio entre vida personal y laboral
- Falta de conexión emocional o compromiso con la organización
Incluir una visión clínica no solo impacta los resultados organizacionales, sino que puede convertirnos en agentes de cambio social.
Más allá de nuestros roles profesionales, somos personas.
Recordarlo es el primer paso para construir organizaciones más humanas.
Hagamos equipos de trabajo integrales.
En la totalidad de la palabra.
Menthalising. Empresas Vivas. Utopías posibles.
Este post fue escrito por Lenika Meraz, Directora de Operaciones Clínicas.
